sábado, 5 de septiembre de 2009

Una herida sin nombre

La coraza es verdadera, aun en nuestras derrotas nunca olvidé tus ojos.
Salvo cada orilla de promesa que revienta en las vertientes de la tregua, en las afueras del sinsabor donde el abandono asume toda mi sangre.

Cada uno de mis pasos enfrentaba el sueño de ver tu fuego sobre el corazón inmaduro de esta buena perdición. Abraza mis heridas y quédate con ellas hasta que resbalen las reliquias y mi mente quede en blanco.

Descansa mi sombra atrapada en mis pesadillas más fascinantes en donde el impedimento se aniquila. Rompen los amargos mi muralla y la perspectiva que se cierra, que me ciega.
¿ Por qué no puedo ver más allá? Más allá de lo posible, cuando lo póstumo me tortura sin saber que estoy ahí.

21/marzo/09

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