Ahora bien, estamos aquí, augurando nuestras entrañas miserables y mi condena es la paciencia que prevalece en una esperanza desagradecida, no me dejes. Aun te tengo a tientas de lo inevitable; pero siempre en mi vida.
No merecemos las sonrisas rotas de cada mañana si siempre eres mi redención, tú, un desierto palpable en agonía condensado en ángel que sin temor me salva de mi tribulación que muerde la sensatez en cada necedad.
Háblame de tus sueños…no tengas miedo de llevar tu utopía hacia lo tardío, que yo te traigo mis manos para consolar el fracaso de fortalezas en tu aura, te entrego mi voluntad insuficiente pero que te sanará de tus dudas si algún día no aparezco.
Cuéntame de tus dolores, ya se que no te sirve de nada mi tempestad cuando las horas no terminan en tu orgullo y mi coraza que me tiene bailando sobre la luna de los imposibles. También se que lo que alcance no te convencerá porque así es en ti.
No llores traiciones rotas porque nadie te busca, no esperes a mis ideas que adivinen tu pensamiento, sólo recuerda que me tienes a pesar de mis años y mis errores…a pesar de mi ira…
No pretendo tener lo que no me queda, perdóname si mis ambiciosas ganas rompen tu holocausto. Perdóname cuando me pierda en mi ternura, perdóname cuando no te espero. Es sólo que vivo para no entenderlo y sólo para plasmarlo en sensaciones caóticas, perdóname por no merecerte…
Ya no intento descifrar tus felicidades desde mi sombra, después de lo que anhelabas me quedo con mi alma gris y con tu tenue luz acerca de mi apariencia. No pido más que aceptes mis pensamientos férreos y una ineptitud que no te ofrece honra.
Ahora bien, deja que tu arena se vaya con el tiempo disfrazado de inalcanzable, no te obsesiones…porque yo le doy a Dios mis hombros para jugar con la luna de los imposibles, yo te ayudo a arrastrar las estaciones inmemorables que se instalan en tu anomia y que arrancan tus ojos. Acompaño a tu padecimiento inverosímil para llenarte de bellos decretos por el descanso de tu frente. Únicamente hace falta de un enemigo sin quererlo: la espera…espérame sin estancarte en los reproches que florecen en tu boca para destruirme.
No seré nada a tus espaldas y con nuestra esclavitud bendita, no me quites el desastre benevolente o la franqueza en tu mirada que de eso respiro. ¿Todavía cuidarás de mi susceptible destino? No te escapes si me malgasto en el trastorno.
Ahora bien, tú eres quien me da futuros, quien me da homenajes, quien me atrapa en alegría. Tú eres quien me da grandeza…
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario